eduardo vicent : tinkernet

Entrada 04/10/2019

El otro día, dijeron en las noticias que UPyD se volvía a presentar a las elecciones. A mí, personalmente, no me importa lo que haga UPyD. Nunca han sido un partido que me importase. Nunca he visto en ellos una alternativa a nada y, sobre todo, nunca me ha gustado su nacionalismo extremo y descerebrado. Por otro lado, está claro, todo el mundo tiene derecho a presentarse a las elecciones. El caso es, que me quedé pensando en el partido, en las intervenciones de Pombo y los grandes hits de sus mítines: Estamos en internet, Wikipedia, Wikileaks. Tiernos 2000.

Por la noche, cuando me acosté, tuve un sueño. Un sueño de esos que sobreviven a la noche y se alojan en tu consciente. De esos que encierran un mensaje que cuesta un rato descifrar: ¿Que pretendía decirme a mí mismo? ¿Cuál es significado que hay detrás de este despropósito?

La cosa es que, en mi sueño, iba andando por la ría del Nervión, me encantaría saber por qué. Supongo que por la cantidad de veces que he dicho que me querría vivir en Bilbao. Siempre me ha parecido algo absurda la idea de ir a Bilbao a trabajar para la administración central del estado. Iba tranquilamente paseando por la ría, hablando con un amigo de antes. De un tiempo en el que todo era mucho más sencillo. De antes de la facultad.

La conversación era amena y estábamos hablando de todo un poco. Lo normal, cuando te reencuentras con alguien que hace mucho que no ves. Entre unas cosas y otras, de repente, me empieza a contar que hay un tema del que se arrepiente y que quería contarme. Yo le digo que bien, que adelante, que me cuente. Estaba bastante intrigado: ¿Que tendrá que decirme, que se ha guardado todo este tiempo?

Habíamos sido muy buenos amigos, allá por el final del siglo XX. Yo había ido muchas veces a su casa, él había venido a la mía. La de nuestros padres, evidentemente. Habíamos transitado los caminos de la radicalidad teen de la clase media española de finales de siglo, juntos. Ya sabéis, contra el capital, contra Buruaga (gran fijación en aquel momento, vete tú a saber), todo regado con vino de brik, Martini rojo, Barricada, Reincidentes, Extremoduro o Def Con Dos. Nada raro. Al entrar en la facultad, nos distanciamos. El empezó políticas y yo historia. Yo acabaría en Sociología y luego también en Políticas, unos años después. Me gusta mucho la historia, pero la sentí demasiado alejada de mis áreas de interés, que eran el aquí y el ahora.

En el marco de las inquietudes propias de la época, previo al 15M, a Bolonia y a todo lo que vino con la mayoría absoluta del Partido Popular, yo terminaría formando parte de las juventudes estudiantiles de Izquierda Unida. De donde terminaría saliéndome para abandonar definitivamente la política estudiantil e iniciar mi camino hacia posturas, vamos a decir, más a la izquierda. Durante mi tiempo en la Asamblea de Representantes había hecho muy buena relación con la gente de Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans. Convertirme en votante de la SEPC fue, probablemente, el mayor desafío a toda mi socialización primaria que hice. Pero esta es otra historia, que ya contaré en otro momento.

Volviendo a la ría del Nervión, tras un momento de silencio, ya casi a la altura del infame puente de la peineta, o como se llame en Bilbao, de repente arranca. ¿Te acuerdas, en el 2007, cuando nos cruzamos en los pasillos del aulario de derecho? Eran elecciones a claustro Yo iba con la tradicional pegada de carteles y repartiendo panfletos de mi formación. Él iba haciendo lo propio, pero de la suya. Me pareció muy raro que no estuviese integrado en el círculo de Contracorrent de Políticas, del cual conocía a gente y muchos eran amigos nuestros, de los dos. Así que me acerqué y le pregunté. Yo siempre he sido muy inocente y no suelo tener problemas para preguntar las cosas que no me cuadran. Sin embargo, lo note raro. Como distante. Lo achaque al tiempo que hacía que no nos veíamos. Tras un tiempo insistiendo, me lo dijo. Él estaba pidiendo el voto para UPyD.

Me acuerdo. Le contesté. Me acuerdo, porque me horroricé. Lo sentí como un ataque personal. Como si todo nuestro pasado juntos, las noches cantando canciones de Boikot, de SA o de La Polla, hubiesen sido mentira, como si de repente todo el contenido afectivo de aquellos momentos de adolescencia me hubiese abandonado. Me acuerdo, porque ese día, una pequeña parte de mi dejó de tener sentido siempre. Me acuerdo porque ese día, me hice un poco más mayor. ¿UPyD?

Bueno, continúa, pues tengo que disculparme por aquello. Yo era joven y no entendía muy bien lo que hacía. En realidad, no creía en eso. Tan solo consideré que era una buena opción, diferente y progresista. Excusas, que yo no había pedido. Cada uno tiene derecho a hacer lo que le dé la gana. El sueño, termina ahí.

Nunca supe que le contestaba. No sé si en mi sueño le perdonaba o no. Ni siquiera sé si le llego a contar todo lo que significó para mí. La gravedad de ver a un igual, con el que había desarrollado gran parte de mi educación política, como un adversario. No obstante, ahora en la vigilia, creo que le perdono. Le perdono porque todos cambiamos y todos podemos convertirnos en votantes de UPyD. No es deseable, pero pasa. Le perdono, porque en el fondo, no es importante. Incluso puede que siga siendo la misma persona, amable y divertida, que era cuando éramos más pequeños.

Ahora, lo que, si que no le perdono, es que, en ese preciso momento, en el instante en que lo vi repartiendo panfletos de UPyD, me hiciese darme cuenta de la edad, del paso de los años, de que mi mundo se iba a transformar hasta darse la vuelta del todo. Lo que, sí que no le perdono, es que me hiciese envejecer un poquito y me hiciese ver que las cosas se iban a transformar hasta que ya no fuese capaz ni de reconocerlas. Como me había pasado con el y me pasaría, a partir de ese instante, con tantas otras personas y tantos otros momentos.



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