eduardo vicent : tinkernet

Menos Mal!

Esta mañana, mientras ponía el café y me disponía a preparar el desayuno, Pepa Bueno ha leído su editorial. Todas las mañanas, que puedo, lo escucho porque a veces dice cosas que me gustan y otras me pone de tan mal humor que ya me despierto del todo. Esta mañana ha sido el primer caso. Hablaba del salario mínimo interprofesional tema que, desde ayer, parece ser uno de los puntos más importantes de la agenda. Efectivamente el Partido Popular planea subirlo un 4% y supongo que en el contexto de descalabro que viven, necesitan apuntarse algún éxito.

Hacia el final de su reflexión señalaba las condiciones de nuestro presente, del presente de los jóvenes españoles, de los que nos hemos quedado y de los que se han ido. Esa realidad en la que por un lado tenemos, debemos y queremos, desarrollar una vida independiente y plena y por el otro las condidiones, que no nos dejan. Que esta situación se dé no es un accidente. Nos han precarizado hasta la náusea, nos han convertido en carne de subempleos, en máquinas de generar plusvalías y a la vez nos han enseñado a callarnos y a aceptar, ojo que no estoy hablando de no manifestar, si no de tragar. Han convertido nuestra relación con el mundo laboral en una relación de pánico. Si me tiran: ¿Que? El abismo. Decía Pepa Bueno, si no lo hacen por conciencia, que sea por egoísmo: ¿Que sociedad se puede mantener así?

Podría ponerme a enumerar los casos de conocidos, compañeros y amigos, todos universitarios, todos formados, con idiomas y con experiencia que están, estamos, desesperadamente buscando una salida para sus vidas y casi todos pasamos la treintena. Trabajos temporales, sueldos de mierda, falsos autónomos, paro, condiciones laboral infernales y un largo etc. En fin el escenario que se abría ante mí, esta mañana, era desolador y más si tenemos en cuenta que diluviaba en València y eso siempre es confuso.

Mientras las palabras de Pepa resonaban en mi mente me he dejado llevar por el desánimo, por el desaliento de saber que la pelea que tenemos enfrente es realmente dura, y dura ya 10 años. La crisis, dicen, ha terminado. Pues bien, ha llegado el momento de restaurar los derechos de aquellos que estamos llamados a ser el futuro de esa España que tanto importa a algunos. Porque si no, no va a quedar nada que salvar. Esto será el erial que, efectivamente, está llamado a ser.

Noticias como la de Carmena y la destitución de Sánchez – Mato, las declaraciones de Soraya Saenz de Santamaria sobre la decapitación de las cúpulas del independentismo o la declaración de inconstitucionalidad del decreto de sanidad de la Generalitat Valenciana ponen de manifiesto algo que ya resulta evidente: el problema es que el Partido Popular está utilizando las estructuras de estado para atacar a la disidencia. Nosotros, los que somos jóvenes, los nuevos precarios, no estamos en su agenda, no les interesamos, porque ellos lo que quieren es seguir parasitando el estado como llevan haciendo todo este tiempo y no me refiero a los últimos 6 años.

Y de repente me he empezado a acordar de todos los que no están, no porque se hayan muerto si no porque se han ido, de aquellos con los que querría poder tener la oportunidad de celebrar estas navidades que el mundo es un lugar mejor, como dice Pau Vallvé En un Somni Estrany, y con los que no voy a poder hacerlo porque están lejos y no volverán por navidad. Dice la tradición que siempre vuelve por navidad, vuelve si puede y tiene dinero para pagarlo, vuelve si no está al otro lado del mundo o si su trabajo de fregar platos en Oslo se lo permite, vuelve si ha conseguido dejar de ser precario en donde sea en el mundo. Esta idea me ha llevado a confeccionar una lista de reproducción, a modo de regalo, con algunas de las que, desde mi punto de vista, son las mejores canciones que he oído en toda mi vida. La lista suma 347 canciones (en la versión de Apple Music, la original y 298 en la versión de Spotify) un numero redondo y bien avenido en las que encontrareis un gran abanico de temas, una tremenda variedad de estilos y algún que otro petardeo y no, no está Despacito.

Todos los años hago, o intento hacer, una lista de discos que me han gustado o que he considerado que pueden ser interesantes. Dicen que después de los 30 ya no queremos escuchar cosas nuevas así que para este 2018, que promete ser un año más en esta búsqueda, he querido echar la vista atrás e invitar a todo el que quiera a entrar en mi pequeño mundo sonoro. Quien me conozca me podrá escuchar explicando porque creo que Black Sabbath son lo más grande que existe, o conocerá la razón de que siga incluyendo temas de Reincidentes aun cuando hace 15 años que no los sigo, disfrutará con los riffs de Mastodon, recordará momentazos con los temas de Micah P. Hinson, o aquellas noches de insomnio y estadística cuando el Millors Professors Europeus no era ni conocido, ni famoso, o aquellas noches de desquicie en aquella casa con techos de zinc con mi inseparable Johnny Cash, también podrá escuchar la mejor canción de la historia de la música siempre y cuando sepa cuál es y aquella que posteriormente le quitó el puesto, o podrá recordar las historias que he contado sobre Long Nights y Hard Sun y como ese disco fue mi compañía en Paris y quien estuvo conmigo me recordara llorando de emoción en el concierto de Antònia Font mientras interpretaban su Wa Yeah. Aquellos que me conozcan entenderán y sabrán los motivos de casi todas las canciones que hay en esta lista.

Aquellos que me conozcan, en definitiva, entenderán el mensaje que se encuentra implícito en temas como Menos Mal de Koma, o En Blanco y Negro de Barricada. Entenderán que esto es, en realidad, una declaración de intenciones y una manera de reafirmar que, a pesar de que sabemos que es un baile salvaje, combatiremos a mala cara porque aún nos quedan ilusiones, porque aún no está todo perdido y porque en 2018 aún nos queda fuerza para darle a un canto una patada.

Menos mal que aún estamos aquí y seguiremos insistiendo un año más por lo que es nuestro, por tener la oportunidad de ser, porque no vamos a renunciar a las condiciones por las que tanto hemos peleado y por las que a tanto hemos renunciado. Menos mal que, aunque cueste, encontraremos la manera de despedir a los glaciares.

Feliz año a todos y enhorabuena.

Sin más, os dejo con este pequeño homenaje a todos estos años juntos.

Salud y república.

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