eduardo vicent : tinkernet

Aunque sea a palos.

Anoche se emitió la entrega semanal del documental Ochentame otra vez, que va justo después de cuéntame aprovechando el tirón retro de la serie. Normalmente, tiende a ser un refrito de imágenes de archivo y entrevistas, con poco interés, a los personajes «buenos» del stablishment y la transición española. Suelen desfilar figuras como Sanchez Dragó, Joaquin Sabina, Miguel Ríos y demás caspa. Sin embargo, y dado que tampoco son tantos los representantes de esta época, a veces se cuelan entrevistas que te dejan ojiplático. Anoche, fue uno de esos casos.

El entrevistado en cuestión, «Morfi Grei», fue miembro de una de las bandas que más han sufrido el olvido, la negación y el desprecio por parte de la cultura española. Nos estamos refiriendo a la Banda Trapera del Rio, una banda de punk con todas las letras. En el sentido mas británico de la palabra. La influencia obvia de bandas como Sex Pistols, o los Clash, les alejaba del sonido de la movida madrileña en todos los sentidos posibles.

En sus letras había una actitud desobediente y reclamo rebelde. Llevaban el «No Future» por bandera y la provocación que practicaban de corte político. Las imágenes (del mismo documental) en las que «Morfi» declara a los cuatro vientos la república independiente de Cornellá, hoy no solo serían impensables, si no que soliviantarían a mas de uno y de dos.

Son hijos de los grandes conjuntos, de las grandes ciudades dormitorio y la incipiente clase media española y la progresiva estabilización democrática del estado. Sin embargo, como generación (igual que nosotros) están inmersos en una crisis generacional en la que no encajan. Están en tierra de nadie, atrapados entre un pasado opresivo y un futuro incierto. El propio cantante lo dice en un momento de la entrevista: Hemos elegido una música violenta, porque queremos reflejar la decadencia de esta sociedad, no podemos transmitir lo que queremos con un vals, o una orquesta sinfónica.

En este sentido, difiere mucho de la movida madrileña. Estos, aunque también utilicen los mismo aspectos formales, presentaran unas letras vacías de contenido y sin pretensiones políticas. La provocación será de corte moral, llegando a ser grotesca por momentos, pero no pondrán en tela de juicio el sistema que se estaba implantando. La inspiración y el acceso a la provocación les llega por otro lado, de otra manera y esto se refleja de una forma inevitable en la producción cultural de la época. Las letras intimistas, nihilistas o absurdas, que abundan entre los grandes músicos de la movida, no caben en el repertorio de La Banda Trapera del Rio, Kortatu, la Polla o Eskorbuto. Por esta razón, a medida que avance el proceso de la transición el «stablishment» los perseguirá y arrinconará, dificultando su existencia hasta obligarlos a desaparecer o reconvertirse, mientras que ensalzará los contenidos asépticos de los grupos de la movida.

En un momento de la entrevista, se cuenta que el contrato con el que Tequila, entró en España, iba a ser originalmente para La Trapera. Sin embargo, tenían que pagar tributo a la multinacional (la industria cultural), cambiando el sentido de las letras (para ajustarlas a la provocación moderada de la transición). La respuesta del grupo, en concordancia con su espíritu, fue pillar el contrato, colgarlo en el local de ensayo y escupir sobre el. No nos cambiareis.

La Banda Trapera del Rio, representa un ejemplo claro de actitud y forma de ser. Sin embargo, no había sitio para ellos en una sociedad como la española de los 80. Se les vio como un problema, se les pagaba para que no tocaran en pueblos, locales y en general. Se les repudió. Este fenómeno esta ampliamente explicado en el libro, CT: Cultura de la Transición, en el que se hace un recorrido por el devenir de la cultura post transición y se pone de manifiesto los mecanismos a través de los cuales se ha controlado la producción cultural durante los últimos 30 años.

A partir de este momento, la cultura tenia una función clara: mantener el status quo. Por esta razón se obviaron y persiguieron todos los productos culturales que no tuviesen que ver necesariamente con lo que el estado quería, o deseaba. Ovidi Montllor, Leopoldo Maria Panero, Chicho Sanchez Ferlosio, La Trapera, Eskorbuto, Barricada, La Polla, Albert Plá, Kortatu y un larguísimo etc… de nombres ligados al punk y a la puesta en cuestión del estado, serán obviados (y hostigados). Aún a día de hoy, se mantiene esta actitud. La noticia publicada por vilaweb esta misma mañana, sobre la respuesta del PP a la proclamación del año de Ovidi Montllor es un ejemplo más que evidente.

Ahora la puesta en cuestión del status quo, no viene directamente por personas que al hablar cuestionen las instituciones del estado, o pongan en tela de juicio un sistema que se esta implantando con sus producciones culturales. En los tiempos que corren y gracias al desarrollo de la red y las nuevas tecnologías, la puesta en cuestión supera la esfera política y social y entra cada vez en el terreno económico y cultural.

Así, las redes sociales han puesto al alcance de todo el mundo grandes plataformas desde las que quejarse y criticar elementos que consideremos injustos de forma completamente anónima, descentralizada y sobre todo, incontrolable. Esto es un problema para el estado español, que necesita abarcar y cubrir todos los flancos posibles y reacciona con la violencia de la ley mordaza (por ejemplo).

Las redes p2p, también han tenido una fuerte influencia en la forma en la que entendemos el consumo. Ahora ya no queremos conocer toda la información para poseer un disco, un libro o un juego. Ahora podemos dejar nuestra impronta en el producto a través de la remezcla, podemos producir y consumir, en un único acto. Es decir, podemos y queremos prosumir. Esto tampoco les gusta ni al estado, ni a los que controlan los medios de producción cultural. Las grandes editoriales, las grandes discográficas y los distribuidores de películas, presionan para la existencia de leyes tipo la Ley Sinde (ahora integrada en la Ley Mordaza).

La situación cultural que vivimos hoy, no es tan diferente a la situación cultural que se vivía en el año 78. Hay una juventud que clama por encontrar su sitio, que lucha y pelea (aunque sea de una forma diferente) por que les dejen utilizar sus medios de expresión y recoger el testigo generacional. Sin embargo, como en todo proceso, está lo nuevo que no termina de nacer y lo viejo, que tiene mucha más fuerza y capacidad de reacción, que no termina de morir.

Como conclusión, me gustaría retomar una enseñanza de «Morfi Grei» que me parece resume y explicita la actitud y la lucha que esta por llegar. Un ejemplo de la conexión entre las luchas reales de la transición y la nuestra. Una reivindicación de un modelo y una herencia que retomar para hacer nuestra la herencia cultural.

«Veías la vida pasar y no te dejaban subir. Esa es la rebeldía del Punk. al no dejarte subir pues había que hacer, pues había que hacerlo de cualquier forma. Aunque sea a Hostias… o a palos»



Una respuesta a “Aunque sea a palos.”

  1. Joan dice:

    Només dir-te que m’ha encantat. Salut!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Sígueme en: rss | email | twitter | linkedin

Me puedes leer también en: BSide | Libros de Ensayo | tinkernet